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Una llamada a la conversión

  • Pbro. Francisco Ontiveros Gutierrez
  • hace 4 días
  • 1 Min. de lectura

Mateo retoma a Isaías: “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”. “El pueblo”,no se trata de un individuo, o de un grupo, de unos cuantos, se trata del pueblo. ¡Dios nos ha querido pueblo!, “que caminaba”, caminar es lo que distingue desde su origen al pueblo, caminar es parte de su identidad más profunda, no se trata de un pueblo sedentario, estático. “En tinieblas”, en medio de la oscuridad, en la espesa niebla, en la noche de los problemas y de la opresión. “Vio una gran luz”, la luz más grande, la verdadera luz, la luz por excelencia es Cristo el Señor que se manifiesta para iluminarnos en nuestro ser de pueblo, en nuestro camino y entre las muchas tinieblas espesas que nos rodean, para ser la luz que ilumine y acompañe nuestros pasos. Reposadamente, miro ante el Señor mi realidad, ¿me siento pueblo?, ¿camino?, ¿cuáles son mis tinieblas?, ¿veo la gran luz?, ¿me dejo iluminar?...  

Jesús, permitiendo que se cumpliera esta profecía comienza su predicación. Una llamada a la conversión. Conversión que, como siempre lo decimos, no es local: de un lado a otro. Sino cordial, es decir, girar el corazón a lo esencial. A lo profundo. A lo verdaderamente importante: “hacer volver el corazón al Señor”. ¿Hacia donde se orienta mi corazón?

Y como parte de su predicación, también hace un llamado a los discípulos que, son sensibles a la invitación y se dejan convertir. Dejan sus seguridades, trabajos y proyectos para irse como ese Jesús desconocido, pero que, en su Palabra esconde vida palpitante que encanta, enamora y dispone a caminar. ¿cómo siento la llamada del Señor a seguirlo?

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