¡En mi agitación, permíteme escucharte Señor!
- Pbro. Mario Alberto Castillo Luna
- 7 dic 2025
- 2 Min. de lectura
El tiempo de adviento es un momento donde la Iglesia nos invita a prepararnos para celebrar el gran acontecimiento del nacimiento de Dios que se hace carne, tal magnitud de suceso requiere un itinerario que permita adentrarse paulatinamente en tan sublimemisterio, la Iglesia como buena maestra lo hace a través de cuatro semanas. En esta segunda semana, la liturgia de la Palabra nos invita a meditar la figura de Juan el Bautista y su llamado central a la conversión, que inicia con la escucha.

El Bautista es el último profeta del Antiguo Testamento y primer testigo del Nuevo, es un puente que conduce hacia la salvación, de la cual es consciente que él no es portador, sin embargo, conoce al que es capaz de darla verdaderamente: Jesús, que no solo trae un bautismo con agua sino en Espíritu Santo y fuego cf. Mt 3, 11.
Este es el gran anuncio que grita con fuerza a personas sencillas, pero también a los fariseos y saduceos a los cuales les recrimina tajantemente la hipocresía reflejada en su incoherencia de vida, en el conformismo con practicar una religión con muchos signos externos que ponían de manifiesto su pertenencia al pueblo de Israel, pero que no rendía frutos de transformación para su vida. Como verdadero profeta les advierte que ese no es el camino, pues no son suficientes los ritos externos para salvarse, es necesarioconvertirse, es decir, que la vida se oriente hacia Dios.
Hoy se vuelve un recordatorio claro y fuerte también para todos nosotros, personas de fe en este adviento, no basta solamente con ser creyentes practicantes y cumplir preceptos, es necesaria la conversión del corazón.
La persona de Juan el Bautista es un modelo de profeta que interpeló a las personas de su tiempo y lo sigue haciendo hoy, su coherencia de vida, sencillez y austeridad reflejadas en el desierto, abrieron espacio en su vida para escuchar y encontrar al Señory con gran pasión anunciarlo a todos aquellos que desean también escucharlo y seguirlo.
Ahora la Iglesia en este tiempo de adviento nos invita a través del Bautista a aprender en el silencio a escuchar la voz de Dios, a no tener miedo de tocar la vulnerabilidad y fragilidad de la propia vida aunque no nos guste o duela, desconectarnos por un momento de tantos ruidos que abruman, confunden y conducen por direcciones lejos de Dios y su salvación.
Esta segunda semana de adviento puede ser una oportunidad para aprender el lenguaje del Espíritu y ponernos en la misma sintonía, dejar que desde el corazón el Señor vaya restaurando, sanando y aquietando nuestros ruidos.
Al final de estos versículos Juan el Bautista ocupa la imagen del hacha puesta a la raíz de los árboles cf. Mt 3, 10, señalando la urgencia de acoger la llegada del Reino, que ya está entre nosotros y que viene a nosotros continuamente.
Me dispongo un momento para detenerme delante de Dios y ser consciente de mi realidad actual, dialogo con el Señor y me pregunto ¿Cómo es mi vivencia de fe? ¿Cuáles son los frutos que he dado? Pido la luz de su Espíritu para aprender a escuchar su voz en el silencio, pido para que los ruidos, preocupaciones y afanes de la vida no me impidan reconocerlo y acogerlo en mi corazón en este adviento.






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